La aneurisma de la vena de Galeno es
una condición en la que una vena y una arteria cerebral se conectan. Al ocurrir
esto la alta presión sanguínea de la arteria provoca que la vena se infle como
un globo que, aparte de “robar” sangre de la circulación, causar que el cerebro
se quede sin oxígeno o comience un sangrado en este, producir insuficiencia
cardiaca y, en el peor de los casos, provocar la muerte. Los fetos con esta
afección están (hasta cierto punto) protegidos por la placenta, pero en el
momento del nacimiento, es bastante probable que el bebé sufra los efectos de la
enfermedad.
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Tras una ecografía rutinaria en la
semana número 30 se observó una acumulación sanguínea en una especie de bolsa
en el cerebro fetal con una alta probabilidad de daño cerebral, problemas
cardiacos y respiratorios o, en el peor de los casos, mortal.
Tras haber recibido esta noticia los
padres se incribieron en un ensayo clínico que pretendía probar un tratamiento
quirúrgico en el útero para ver si era posible actuar antes de que los efectos
de la condición comenzasen. Ya en el Hospital, la madre se sometió a la
operación, que fue exitosa.
Ya estando la madre y el feto
sedados, se procedió a recolocar al niño para hacer más accesible su cerebro y,
con la ayuda de imágenes de ultrasonido, utilizaron una aguja a través del
abdomen de la madre para colocar una serie de espirales de platino en la bolsa
de sangre, con las que se bloqueó el punto donde la vena y arteria se unían.
Durante el procedimiento el flujo
sanguíneo del feto para, cuando este volvió a ser normal, dejaron de inyectar
las bobinas.
Un par de días después la niña nació
y, como se esperaba, no va a necesitar someterse a más procedimientos por su
malformación.
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