El concepto de resiliencia está teniendo cada vez más importancia en el ámbito quirúrgico, y es un aspecto que está generando debate últimamente. La resiliencia es una especie de capacidad de recuperarse de algo que ha resultado traumático o excesivamente negativo para la persona que lo ha sufrido.
Dawn Coleman tomó un concepto de resiliencia definido por Diane Coutu en un artículo para Harvard Business Review y lo aplicó a la cirugía en una entrada de blog de la Asociación para Cirugía Académica en 2017. Una idea extraída del concepto estipula que el nivel de resiliencia de una persona determina quién tiene éxito y quién fracasa.
Los cirujanos y cirujanas deben resistentes y, además de poseerla, deben desarrollar esa resistencia. La resiliencia es un conjunto de características que estos profesionales pueden aprender, y entre algunos de los consejos publicados por el Royal College of Surgeons of Edinburgh para conseguir este objetivo se encuentra intentar mantener una perspectiva positiva y encontrar un régimen de ejercicio al que adherirse. La idea principal es mantenerse positivo, objetivo complicado en el campo de la cirugía.
Hace unos años se pensaba que los pacientes eran los resilientes, y no se tenía en cuenta a los profesionales que les habían atendido. Antes, lo que mantenía a los cirujanos en pie ante las duras, largas y excesivas jornadas de trabajo sin legislar (previamente a la limitación, en 1998, de las horas de trabajo que podía realizar un cirujano) era la comunidad, los lazos profesionales y la interacción social con los compañeros. Se trataba de empatía, de apoyo. Hoy en día se habla de resiliencia, un concepto que solamente tiene en cuenta la fortaleza y la capacidad resolutiva de la mente de cada uno.
La dificultad de la profesión quirúrgica es muy comentada, pero se habla poco de las consecuencias emocionales que puede tener la muerte de un paciente para el cirujano. Aquí es donde se necesita la resiliencia.
Aunque la definición de resiliencia actual sea vaga e imprecisa, es cierto que últimamente se está teniendo cada vez más en cuenta debido a su alta relevancia en cirugía. Aún no existen formas de medirla o evaluarla, pero se está pensando en idear programas para su entrenamiento. Se pretende gestionar aspectos como el arrepentimiento tras la toma de decisiones en la práctica quirúrgica. También se resaltan otras ideas como la no exclusión de las emociones de la práctica, la importancia de la comunicación y del apoyo social, rompiendo con la idea de la resiliencia como concepto individualizado.
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